Agosto suele traer temperaturas muy elevadas, una fuerte evaporación y una menor humedad ambiental. En estas condiciones, muchos bonsáis reducen temporalmente su actividad vegetativa para protegerse del calor. La prioridad durante este mes debe ser mantener un riego adecuado, evitar trabajos excesivos y proteger los árboles frente a los episodios meteorológicos más intensos.
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Presta máxima atención al riego. Un bonsái sano puede secar la superficie del sustrato varias veces al día, especialmente si está expuesto al sol, al viento o cultivado en una maceta pequeña. Algunos árboles pueden necesitar dos, tres o incluso más riegos diarios.
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Comprueba el sistema de riego automático antes de salir de vacaciones. No esperes hasta el último momento: ponlo en funcionamiento varios días antes para verificar que todos los goteros riegan correctamente, que no existen obstrucciones y que el agua llega a todos los bonsáis.
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Interrumpe temporalmente el abonado. Esta pausa permitirá retomarlo con más fuerza durante el abonado de otoño, cuando las temperaturas desciendan y los árboles recuperen su actividad.
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Puedes alambrar algunas ramas finas procedentes de la brotación de primavera, siempre que hayan madurado lo suficiente y mantengan cierta flexibilidad.
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Vigila las tormentas de verano. El viento fuerte, el granizo y las lluvias intensas pueden volcar las macetas, romper ramas o arrastrar parte del sustrato.